"Almaty es el paraíso para hacer deporte" por Yolanda García Ramos
"Almaty es el paraíso para hacer deporte"
El español Pedro Vizuete enseña allí su lengua natal, entrena clubs y participa en numerosos eventos deportivos en Kazajstán, donde vive desde hace 16 años
TEXTO: YOLANDA GARCÍA RAMOS
Es muy probable que la experiencia de vivir en Kazajstán no sea igual, ni remotamente parecida, a la de una estancia corta o media en el corazón de Asia Central. Asentarse en otro país diferente al de los orígenes, durante una etapa más o menos prolongada, permite empaparse mucho más de la cultura y las costumbres. De la rutina. De las gentes. Vivir lo local desde dentro. Limpiar estereotipos geográficos. Es completamente diferente ir de turista o aventurero a experimentar una inmersión temporal y profunda, asentando incluso ya ciertas raíces vitales. La historia de Pedro Vizuete con Kazajstán se remonta a casi dos décadas atrás. Sevillano de nacimiento (año 1990), de padres originarios de Madrid y Toledo. Sevilla fue un episodio más bien casual en su vida porque al año la familia se trasladaría ya a Barcelona, donde creció hasta los 18 años. “Así que de andaluz, solo el pasaporte”, comenta. En la actualidad, imparte clases de español en la Universidad KazNMU (Kazakh National Medical University) tanto a traductores, como a filólogos y estudiantes de Relaciones Internacionales, a la vez que trabaja también para una academia de idiomas. Comprueba, en este sentido, que “la mayoría de los estudiantes kazajos aprenden español por amor al arte”. Les gusta aprenderlo y practicarlo. Simplemente.
“La mayoría de los estudiantes kazajos aprenden español por amor al arte”
El tiempo en el que está desocupado de la parte académica lo dedica a entrenar un club kazajo, a la vez que está integrado en grupos de corredores o runners que ejercitan su afición tanto en asfalto, en plena ciudad, como en las montañas, concretamente de Tian Shan: “Si se mira un mapa de Almaty, nos quedan como en España el mar a una ciudad de costa. Sales y ya están ahí. Para un español eso es difícil de entender porque para esquiar, por ejemplo, tienes que irte lejos, normalmente. Salvo en el caso de los Picos de Europa que quedarían cerca de Oviedo. Aunque si comparamos por ciudades, Almaty tiene dos millones y medio de habitantes”. Shymbulak es toda una referencia en la antigua capital kazaja. “Aquí me es posible irme por la mañana a hacer un tres mil y aún llegar al trabajo, de lo cerca que están las montañas. Es una pasada si te gusta esto”, confirma.
Vizuete ahonda en las razones que le llevaron a pisar Kazajstán, e incluso a asentarse. “En 2009, habiendo sido siempre deportista y con el ciclismo como uno de los deportes que más me gustan, estaba el equipo Astaná, que a día de hoy es uno de los más antiguos, no solo como estructura, sino que también conservan el nombre. En aquel año, Alberto Contador corría para el Astaná. Yo conocía el país, al menos de nombre, porque sabía lo típico: la estepa y los nómadas. Nada más. Estudiando en la universidad en España me surgió la oportunidad de venir como voluntario para dar clases de español. Antes, durante mi etapa en el colegio, yo ya estudiaba chino. Me hubiera gustado ir a China, aunque al final no salió, pero la vida quiso que me quedara a un paso”. Hay que recordar que la cordillera que abraza Almaty es fronteriza con el enorme país asiático.
“Vine con unas condiciones muy especiales _rememora Pedro Vizuete_ porque era para trabajar en una entidad educativa que me ayudó tanto con la vivienda como con todo el tema organizativo, incluso a estudiar ruso y kazajo el primer año. Aunque el kazajo lo entiendo pero no lo hablo”. Con respecto a la visión que percibe de los lugareños con respecto al idioma español, afirma: “En Kazajstán, creo que la mayoría de la población de etnia kazaja sabe kazajo y ruso. Una sociedad arraigada a sus costumbres. En cambio, de otras etnias saben ruso y, aunque entienden el kazajo, no lo hablan bien, con lo cuál muchos saben desde pequeño dos idiomas que son de familias lingüísticas distintas, tienen muchísimos fonemas y, por tanto, a la hora de aprender una tercera lengua, ya sea español o inglés, francés o alemán, da igual, su cerebro está como más entrenado. Como si yo de pequeño hubiera practicado fútbol y baloncesto y luego quisiera aprender balonmano o vóley, tendría mucho más que si hubiera hecho esquí pues no son tan parecidos”. “Los kazajos tienen ganas de aprender”, subraya.
Con el paso de los años ha podido conocer el carácter de la población local, que define como “muy tradicionalista y muy patriótica”. Muy arraigada a sus costumbres, historia y lengua. A aquellos que las abrazan los tienen en alta estima, corrobora, como puede comprobar en primera persona un extranjero que viaje allá. Aunque una de las principales reflexiones que ha hecho el español viviendo allí es que “no somos tan distintos en realidad”. “La forma de ser o de hacer son distintas, me refiero sobre todo a las tradiciones y el bagaje que tienen de haber pertenecido a la antigua URSS, que también influyen en el día a día y en la vida. Pero en otros ámbitos llegas a pensar que eres más parecido como español a un kazajo que a un alemán o un francés. Esto es así porque lo he vivido. También cuando los kazajos van a España a veranear se sienten muy a gusto, no solo porque se coma bien o haga calorcito, y tengan la playa, sino porque realmente ves que hay puntos en los que nos parecemos. Como digo, en el día a día hay cosas que son distintas, a nivel burocrático y logístico, pero yo me llevo muy bien con la familia de mi mujer, que es kazaja, por ejemplo”, comenta. “Algo muy importante que siempre recalco _apostilla_ es que vivo en Almaty y creo que es muy diferente que vivir en un pueblo o una ciudad más pequeña, en plena estepa. He podido viajar y trabajar en varios lugares de Kazajstán”.
“Me encanta montar en bicicleta, hacer alpinismo, correr por las montañas”
Como amante del deporte al aire libre, la naturaleza del país más grande del mundo sin salida al mar ha sido otro de los ganchos que a Pedro Vizuete le han convencido para quedarse: “Me encanta montar en bicicleta, hacer alpinismo, correr por las montañas… y, sinceramente, esto es el paraíso para hacer deporte”. “Desde que salgo de la puerta de mi casa hasta que subo a un tres mil son tres horas y para volver dos, con lo que en cinco horas ya lo tienes hecho”, ejemplifica, añadiendo que “aquí la sociedad es muy deportista”.
Parece estar bastante integrado en el país el hábito del mantenimiento físico: “Hay muchos torneos de fútbol a todos los niveles, tanto para chavales como para gente mayor, y sin ser profesional. Simplemente el partido de los domingos de los colegas. O partidos de tenis, carreras tanto de asfalto como de trail, no al nivel de España debido a la logística propia de Kazajstán, donde en doce horas en coche aún estás en medio del país y aún te falta la otra mitad, por lo que la organización de un evento deportivo, en verdad, es muy difícil aquí. Estás preparando una carrera para tu pueblo, nunca mejor dicho. Poco a poco, a nivel amateur está muy desarrollado pero a ciertas competiciones les cuesta crecer. El país es pequeño en población, de solo unos 20 millones de habitantes”. Vizuete ha logrado algunos éxitos en diversas carreras, aunque la práctica sea minoritaria todavía, según reconoce: “El trail running, el sky running, aquí aún se practican menos porque son más exigentes que correr una maratón de asfalto”.
Finaliza con una anécdota, pues este año le pidieron fans de habla hispana de Dimash Qudaibergen, la superestrella kazaja, traducción al español del último libro publicado sobre el artista: “Me quedé asombrado porque vi que hay demanda de publicaciones en español sobre Dimash, según me comentaron. Fui a la editorial y al ver el libraco me llamó la atención la cantidad de fotografías que tiene. Y pude ver la buena relación, que yo desconocía, que tiene con Plácido Domingo y José Carreras”. “Tiene una voz privilegiada. Es algo único en el mundo”, resalta. Son muchos los vínculos que cada vez se están forjando entre España y Kazajstán, a lo que Vizuete contribuye con una conclusión a modo de cierre: “Son dos países que quedan muy lejos uno del otro. España de Kazajstán. Kazajstán de España. Todos los españoles que yo haya podido conocer aquí, en Almaty, me han dicho que qué pena que ambos países no estén más cerca”.
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